Es de suponer que cuando el restaurante comenzó yo no tenía ni la más remota idea de llevar una contabilidad, y gracias a los pocos recuerdos que me quedaron tras mi paso por la universidad empecé con una cuenta de deber y haber: Suponía que el deber era de “debo trabajar” y el haber era “hay mucho trabajo”. En realidad, años más tarde les confesé a mis profesores de la universidad que nunca entendí la contabilidad y que nunca comprendí por qué el deber y el haber terminaban iguales. El caso es que abrí mis cuentas con veinte mil pesos de caja, lo recuerdo, cuya procedencia, en cambio, no tengo clara.