El 29 de marzo de 1988, cuando el restaurante ya tenía seis años, nació Valentina, mi hija mayor, y comenzó así una nueva era del restaurante.

Fue tan grande mi felicidad que casi le cambio el nombre: Valentina Carne de Gallina. La celebración fue el siguiente domingo. Durante el almuerzo tomé el micrófono, conmovido y lleno de emoción, les conté a todos los comensales que Valentina había nacido, y decidí hacer una especie de ceremonia con luces de Bengala. Desde entonces se ha vuelto una tradición que los cumpleaños se celebren en Andrés Carne de Res con una ceremonia igual a la que le ofrecí a mi hija Valentina.